50 AÑOS DE VIDA RELIGIOSA

Con la Eucaristía se dio inicio al homenaje que se realizó a la Madre Hortensia Amboage por sus 50 años de vida religiosa. Celebrar “50 años de vida consagrada”, es una buena ocasión para retomar, meditar y dar gracias por el don de la vocación, que es pura gracia, don de Dios Padre y del espíritu santo que nos impregna con su gracia.

Es mirar la vida pasada y presente con los ojos de ese Dios que nos comprende y ama incondicionalmente. Hace 50 años, este Dios de misericordia, le miró, quiso contar con ella y le invitó para una misión especial.Acoger la invitación significó abandonar la barca de las seguridades y dejar a Dios realizar su proyecto en su vida.

La trayectoria de su vida, encierra un sentido profundo de todo lo que ha sido y ha hecho a lo largo de los años; pero lo importante, es y será el amor de Dios que dirige su vida y la cuida desde dentro. Sólo en torno a su gracia se va tejiendo la verdadera existencia y la misión como Misionera Hija de la Sagrada Familia de Nazaret.

Un cariño a nuestra escuela

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Es necesario que los niños comprendan que la salud del mundo depende de todos nosotros, de lo que hagamos para conservar todo bien cuidado, bello y radiante. Hay que cuidar al mundo. La Tierra es nuestro planeta, cuidarla es nuestro deber.

Para conseguir que los niños tengan amor por la naturaleza el mejor camino es enriquecer sus vivencias, planificar actividades con el objetivo de enseñarlos a amar el medio ambiente, facilitar el contacto del niño con el campo, montañas, ríos, y todo lo que engloba la naturaleza, y darles la posibilidad de observar, preguntar, y expresar sus ideas en cuanto al tema.

Por eso es que en nuestro Colegio San Francisco Javier, rodeados por la naturaleza, apoyados por el amor, trabajamos y crecemos en comunidad para que nuestras vidas puedan contribuir a un mundo más justo, lleno de paz y esperanza.

Es muy importante que tanto los educadores como los padres enseñen a los niños y niñas desde pequeños a amar y apreciar el mundo natural y a actuar en correspondencia con estos sentimientos, contribuyendo a su cuidado y preservación. Estas nociones se relacionan estrechamente con el concepto de la paz, que implica, entre otras cosas, que el mundo natural permanezca bello y radiante.

 

Nazaret es casa de Paz

La comunidad del colegio SAN FRANCISCO JAVIER rechaza rotundamente todos los conflictos, violaciones, detenciones, manifestaciones y violencia que están ocurriendo en Venezuela, nuestro querido país.

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Los docentes queremos educar para la Paz, queremos educar sin miedo…

La educación para la paz es la herramienta fundamental hacia el compromiso irrenunciable con los principios de la no violencia y una sociedad basada en la cultura de paz, el diálogo y la convivencia.

Coherentemente, la educación para la paz no puede entenderse o limitarse a la redefinición teórica de los conceptos y modos de entender las relaciones sociales, políticas, económicas y culturales si no va acompañada de una práctica de la acción que atraviesa desde el plano más personal al plano más global.

En este sentido, existen de muchos campos de trabajo por la paz como la educación para la resolución no violenta de conflictos, las teorías pacifistas y la desobediencia civil, la educación intercultural, etc.; apostar por una ciudadanía crítica y participativa y una educación para los derechos humanos y la comprensión internacional; una educación para el desarme y el desarrollo y solidaridad con los países oprimidos.

Así pues, hablar de paz no es sólo hablar de las relaciones armoniosas entre Estados. La paz empieza en nosotros mismos y en nosotras mismas, y en cómo nos relacionamos con los que tenemos alrededor. Somos responsables de que la paz sea una realidad si nuestro comportamiento es consecuente con la justicia social, el respeto étnico y cultural y la convivencia democrática.

Un mundo de paz, de convivencia, de justicia social y donde la discriminación racial, de género, religiosa, cultural o de cualquier índole no tenga cabida está por construir. Es la tarea a la altura de nuestro tiempo, participar en la construcción de alternativas porque otro mundo es posible.

Es necesario desarrollar una auténtica Cultura de Paz, para lo que se hace imprescindible que se dé, en cualquier sociedad, un movimiento educativo importante que trate de fomentar unos nuevos valores, actitudes, comportamientos, que se sustenten en el principio básico de la dignidad de todo ser humano: frente al uso de la violencia, el respeto a la vida y a la integridad de las personas, y de todos los derechos humanos; frente a  la competitividad, la cooperación a cualquier nivel; frente al conformismo, la capacidad crítica y la desobediencia ante todo aquello que perpetúe la injusticia; frente al individualismo, la comprensión de otros planteamientos diferentes a los tuyos; frente a la coacción y la amenaza, la libertad para todas las personas; frente a la discriminación, la igualdad entre hombres y mujeres, y entre personas de diferente raza y condición, frente a formas violentas de resolución de los conflictos, el diálogo como herramienta fundamental, frente a ideologías cerradas, el pluralismo como valor enriquecedor, que respete la diversidad. En definitiva, se trata de fomentar la tolerancia frente a la intolerancia.

En Nazaret estamos empeñados en fomentar esta cultura de Paz.

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