Madre Cecilia Cros

El 16 de septiembre de 1902 nació en Sant Llorenç de la Muga, Girona-España, Gracieta Cros, extraordinariamente dotada en lo natural y en lo sobrenatural. Desde muy pequeña sintió la llamada de Dios e ingresó religiosa en 1927. Cincuenta años más tarde, cuando ya es conocida como Madre Cecilia y es la superiora general, la Congregación de Misionero. Madre Cecilia murió de muerte trágica en accidente de coche el 9 de marzo de 1959. Todo Nazaret se sabe heredero de la espiritualidad misionera y los proyectos de aquella que no tuvo otro afán que agradar en todo a Dios.

BIOGRAFÍA DE

     MADRE CECILIA CROS

Casa Natal

1902. Acaba de comenzar el siglo y en el seno de una familia ampurdanesa, trabajadora, cristiana, feliz, se vive un gran acontecimiento. A la familia Cros-Gurnés les ha nacido  otra hija, la quinta, y el ritmo del trabajo  de cada día se ha visto transformado en fiesta, una gran fiesta de gratitud. El nombre ya fue un buen augurio: Engracia, Gracieta la llamarán familiarmente en casa, y llena de gracia será hasta el día de su muerte en 1959.

Al comenzar el noviciado, recibe el hábito y el nombre de Cecilia, el nombre con el que será conocida de aquí en adelante, aunque para sus religiosas, después de ser nombrada M General en 1949, será siempre ¡la Madre!.

Con su hermana Carmen

Un año después hará su primera profesión y el primer destino de la recién profesa es el Colegio Montserrat en Barcelona. Al pie del Tibidabo, de cara al Mediterráneo, en una situación estratégica, M. Pilar sueña con un gran colegio que sea también sede de formación para las religiosas jóvenes y quiere a su lado a la que tan bien comparte esos ideales. Poco tiempo después la Congregación abre un nuevo colegio en la ciudad Condal, en la calle República Argentina, el Colegio Núria. La comunidad del Colegio Montserrat se encargará de él. La gran vocación de educadora, forjadora de caracteres, ya ha comenzado para M. Cecilia.

1939 señala el fin de la guerra. Las religiosas vuelven a encontrarse en Barcelona. El gozo, la íntima alegría del momento, sólo se ven un poco empañadas por la realidad que M. Pilar Mas encuentra; faltan las novicias y religiosas que no han vuelto, las casas están muy  deterioradas y han sido saqueadas… pero ni M. Pilar ni M. Cecilia son de desalientos. Hay que comenzar de nuevo. Las religiosas que están vuelven a las casas donde las sorprendió la guerra. No se vuelve a abrir el Colegio Nuria -no hay religiosas- y M Cecilia se queda en el Colegio Montserrat, su colegio. Comienza con entusiasmo pero… otra vez la enfermedad. El cáncer sigue activo en la joven religiosa de 37 años que recibe la noticia con la serenidad de los santos. Hay que volver a operar. Los medios son muy escasos pero es inminente ganarle la batalla al cáncer. M. Pilar no puede disimular su entusiasmo al dar la noticia a las religiosas del éxito de la operación: “Si vieran que hermosa y contenta está! Va muy bien gracias a Dios… dice el Doctor Cots  que a los ocho días ya podrá venir a casa. “Sin embargo le cuesta reponerse y el clima del Pirineo parece el más adecuado. Irá de nuevo a Sant Llorenç de la Muga, a su casa durante el verano de 1939.

Primera Profesión

Repuesta ya de la enfermedad, sólo le quedó la hinchazón en una mano, la mano que tan bien recuerdan cuantas religiosas sintieron su cariñosa presión sobre el brazo mientras paseaban hablando con ella de todo, porque a la Madre se le podía confiar todo.

Audiencia con el Papa Pio XII

La respuesta a la llamada de Pio XII a evangelizar Latinoamérica hace que M Cecilia mande cartas a diferentes obispos de distintos países. A los ofrecimientos de M. Cecilia, respondieron los capuchinos de Sibundoy en los Andes colombianos y M. Cecilia no duda en dar una respuesta afirmativa, viendo la voluntad de Dios de que fueran precisamente ellos los que respondieran primero. El 22 de agosto parte la avanzadilla misionera: M. Cecilia y M. Fátima Marco. Su viaje  fue una verdadera odisea que la Madre cuenta con mucha gracia en una conocida carta. Dios quiere que no sólo Colombia tenga la presencia de Nazaret y después de mil peripecias las lleva a pasar casualmente por Venezuela. M. Cecilia queda con el deseo de volver. En Colombia, se encontraron dos almas grandes y la amistad con M. Benigna, franciscana que le ofreció todo el apoyo traducido en casa y bolívare; nació en estos primeros momentos de apuro. pero durará siempre.

M. Cecilia creció muy deprisa en santidad, por eso Dios no tuvo espera y quiso llevársela pronto a su lado. En un  “amanecer sin ocaso”, bajo la piedra de un altar, llegó, a la presencia de Dios, M. Cecilia. El 9 de marzo de 1959 fue el momento del abrazo que ella había deseado tanto. Su obra había terminado en la tierra, dejaba su sello, su carácter, la impronta de su ser de Nazaret en las que la conocieron y quisieron.

Vehiculo del accidente

INFORMACION TOMADA DE LA PAGINA DE LAS HIJAS DE LA SAGRADA FAMILIA DE NAZARET….

Para mayor información puedes dirigirte a:

http://www.nazaret.org/394/Madre%20Cecilia/Biograf

 

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