San Francisco Javier

San Francisco Javier
Sacerdote misionero Jesuita en el lejano Oriente
(1506 †1552)

Son pocos los hombres que tienen el corazón tan grande como para responder a la llamada de Jesucristo e ir a evangelizar hasta los confines de la tierra.  San Francisco Javier es uno de esos.  Con razón ha sido llamado: “El gigante de la historia de las misiones” y el Papa Pío X lo nombró patrono oficial de las misiones extranjeras y de todas las obras relacionadas con la propagación de la fe. La oración del día de su fiesta dice así:  “Señor, tú has querido que varias naciones llegaran al conocimiento de la verdadera religión por medio de la predicación de San Francisco Javier”. El famoso historiador Sir Walter Scott comentó:  “El protestante más rígido y el filósofo más indiferente no pueden negar que supo reunir el valor y la paciencia de un mártir con el buen sentido, la decisión, la agilidad mental y la habilidad del mejor negociador que haya ido nunca en embajada alguna”.

Este sacerdote aventurero nació en 1506 en Xavier, España. Fue uno de los primeros Jesuitas, que pese a sufrir de ciática fue encomendado a predicar el Evangelio en el lejano oriente. Durante once años de sufrimiento y oración, llevó la Palabra de Dios a la India, Ceylan y Japón. Murió en las puertas de China en 1552 a la edad de 46 años, y fue canonizado en 1662.

El 15 de marzo de 1554 su cuerpo fue descubierto incorrupto. Partes de su cuerpo permanecen incorruptas en la actualidad y se conservan en la Basílica del Buen Jesús.

Francisco Javier fue canonizado en 1622, al mismo tiempo que Ignacio de Loyola, Teresa de Avila, Felipe Neri e Isidro el Labrador

Uno de los tripulantes del navío había aconsejado que se llenase de barro el féretro para poder trasladar más tarde los restos. Diez semanas después, se procedió a abrir la tumba.

Al quitar el barro del rostro, los presentes descubrieron que se conservaba perfectamente fresco y que no había perdido el color; también el resto del cuerpo estaba incorrupto y sólo olía a barro. El cuerpo fue trasladado a Malaca, donde todos salieron a recibirlo con gran gozo, excepto Don Alvaro de Ataide.  Al fin del año, fue trasladado a Goa, donde los médicos comprobaron que se hallaba incorrupto. Ahí reposa todavía, en la iglesia del Buen Jesús.

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