LA VOCACIÓN EXPLICADA POR JUAN PABLO II

LA VOCACIÓN EXPLICADA POR JUAN PABLO II

¿A QUÉ TE LLAMA DIOS?

Me dirijo sobre todo a vosotros, queridísimos chicos y chicas, jóvenes y menos jóvenes, que os halláis en el momento decisivo de vuestra elección. Quisiera encontrarme con cada uno de vosotros personalmente, llamaros por vuestro nombre, hablaros de corazón a corazón de cosas extremadamente importantes, no sólo para vosotros individualmente, sino para la humanidad entera.

Quisiera preguntaros a cada uno de vosotros: ¿Qué vas a hacer de tu vida? ¿Cuáles son tus proyectos? ¿Has pensado alguna vez en entregar tu existencia totalmente a Cristo? ¿Crees que pueda haber algo más grande que llevar a Jesús a los hombres y los hombres a Jesús?.

Os halláis en la encrucijada de vuestras vidas y debéis decidir cómo podéis vivir un futuro feliz, aceptando las responsabilidades del mundo que os rodea. Me habéis pedido que os dé ánimos y orientaciones, y con mucho gusto os ofrezco algunas palabras en el nombre de Jesucristo.

En primer lugar os digo: no penséis que estáis solos en esa decisión vuestra y en segundo lugar que cuando decidáis vuestro futuro, no debéis decidirlo sólo pensando en vosotros.

La convicción que debemos compartir y extender es que la llamada a la santidad está dirigida a todos los cristianos. No se trata del privilegio de una élite espiritual. No se trata de que algunos se sientan con una audacia heroica. No se trata de un tranquilo refugio adaptado a cierta forma de piedad o a ciertos temperamentos naturales. Se trata de una gracia propuesta a todos los bautizados, según modalidades y grados diversos.

La santidad cristiana no consiste en ser impecables, sino en la lucha por no ceder y volver a levantarse siempre, después de cada caída. Y no deriva tanto de la fuerza de voluntad del hombre, sino más bien del esfuerzo por no obstaculizar nunca la acción de la gracia en la propia alma, y ser, más bien, sus humildes «colaboradores».

Cada laico cristiano es una obra extraordinaria de la gracia de Dios y está llamado a las más altas cimas de santidad. A veces éstos no parecen apreciar totalmente la divinidad de su vocación. Su específica vocación y misión consiste en -como levadura- meter el Evangelio en la realidad del mundo en que viven.

¡Seguid a Cristo: vosotros, los solteros todavía, o los que os estáis preparando para el matrimonio! ¡Seguid a Cristo! Vosotros jóvenes o viejos. ¡Seguid a Cristo! Vosotros enfermos o ancianos, los que sentís la necesidad de un amigo: ¡Seguid a Cristo!

¿CUÁNDO Y CÓMO LLAMA DIOS?

¡Cuántos jóvenes no poseen la verdad, y arrastran su existencia sin un «para qué»!¡Cuántos, quizá después de vanas y extenuantes búsquedas, desilusionados y amargados se han abandonado, y se abandonan todavía en la desesperación!

¡Y cuántos han logrado encontrar la verdad después de angustiosos años llenos de interrogantes y experiencias tristes!

Pensad, por ejemplo, en el dramático itinerario de San Agustín, para llegar a la luz de la verdad y a la paz de la inocencia reconquistada.

¡Y qué suspiro lanzó cuando, finalmente, alcanzó la luz! Y exclama con nostalgia: «¡Qué tarde te amé! »

¡Pensad en la fatiga que tuvo que pasar el célebre Cardenal Newman para llegar, con la fuerza de la lógica, al catolicismo! ¡Qué larga y dolorosa agonía espiritual!

Es verdaderamente impresionante saber que poseemos la verdad.

Él os ha elegido, de modo misterioso, pero leal, para haceros con Él como Él, salvadores;

Quiere transformaros en Él.

Cristo os llama de verdad. Su llamada es exigente porque os invita a dejaros «pescar» por Él completamente, de modo que vuestra existencia se contemple bajo una luz diversa Tratad de vivir sólo para Él.

Hay un modo maravilloso de realizar el amor en la vida: se trata de la vocación de seguir a Cristo en el celibato libremente elegido o en la virginidad por amor del reino de los cielos. Pido a cada uno de vosotros que se interrogue seriamente sobre si Dios no lo llama hacia uno de estos caminos. Y a todos los que sospechan tener esta posible vocación personal, les digo: rezad tenazmente para tener la claridad necesaria, pero luego decid un alegre sí.

En efecto, Dios ha pensado en nosotros desde la eternidad y nos ha amado como personas únicas e irrepetibles, llamándonos a cada uno por nuestro nombre, como el Buen Pastor que «a sus ovejas las llama a cada una por su nombre».

VOCACIÓN A UNA ENTREGA TOTAL A CRISTO

Dios llama desde muy jóvenes

Durante los años de la juventud se va configurando en cada uno la propia personalidad. El futuro comienza ya a hacerse presente y el porvenir se ve como algo que está ya al alcance de las manos. Es el período en que se ve la vida como un proyecto prometedor a realizar del cual cada uno es y quiere ser protagonista.

Es también el tiempo adecuado para discernir y tomar conciencia con más radicalidad de que la vida no puede desarrollarse al margen de Dios y de los demás. Es la hora de afrontar las grandes cuestiones, de la opción entre el egoísmo o la generosidad.

Cada uno de vosotros está enfrentado ante el reto de dar pleno sentido a su vida, a la vida que se os ha concedido vivir.

Sois jóvenes y queréis vivir. Pero debéis vivir plenamente y con una meta. Debéis vivir para Dios; para los demás. Y nadie puede vivir esta vida para sí mismo. El futuro es vuestro, pero el futuro es sobre todo una llamada y un reto a «encontrar» vuestra vida entregándola, «perdiéndola», compartiéndola mediante la amorosa entrega a los demás. Dice Cristo: «El que ama su vida la pierde; pero el que aborrece su vida en este mundo, la encontrará para la vida eterna»’.

Y la medida del éxito de vuestra vida dependerá de vuestra generosidad.

Cristo dispone de toda la terapia para curar los males del mundo. Él, que ha querido considerarse médico a Sí mismo’, nos ha enseñado que, si se quiere cambiar el mundo, hay que cambiar antes de nada el corazón del hombre.

Es Dios quien llama y lo hizo desde la eternidad.

Todos hemos sido llamados -cada uno de un modo concreto- para ir y dar fruto.

Los discípulos fueron elegidos por el Maestro, no se presentaron voluntarios, al menos en su inicio, porque la amistad que ofrece Jesús es completamente gratuita. Y el que se siente querido de Jesús también se siente a su vez obligado a ser un discípulo fiel y activo. Y esto es dar fruto.

En la raíz de toda vocación no se da una iniciativa humana o personal con sus inevitables limitaciones, sino una misteriosa iniciativa de Dios.

Desde la eternidad, desde que comenzamos a existir en los designios del Creador y Él nos quiso criaturas, también nos quiso llamados, preparándonos con dones y condiciones para la respuesta personal, consciente y oportuna a la llamada de Cristo o de la Iglesia. Dios que nos ama, que es Amor, es « Él quien llama».

La vocación es un misterio que el hombre -acoge y vive en lo más íntimo de su ser. Depende de su soberana libertad y escapa a nuestra comprensión. No tenemos que exigirle explicaciones, decirle: «¿por qué me haces esto?»2, puesto que Quien llama es el Dador de todos los bienes.

Por eso ante su llamada, adoramos el misterio, respondemos con amor a su iniciativa amorosa y decimos sí a la vocación.

Videos para reflexionar

Videos para reflexionar

Una de las experiencias más solemnes y trascendentes de la vida del cristiano es el llamado específico de Dios a hacer algo. La historia de Israel y de la Iglesia nos presenta numerosos relatos de personas a quienes Dios llamó para cumplir una tarea especial. El llamado y las respuestas-dadas fueron tan diversos como los individuos que fueron llamados. Algunos fueron llamados a ser líderes, otros fueron llamados a un servicio simple. Algunos huyeron, otros discutieron, y aún otros respondieron en obediencia inmediata. El elemento compartido por todos ellos fue la toma de una decisión. El relato del llamado de Moisés nos describe la asombrosa experiencia de un hombre. Este relato anima a los que ven sólo sus debilidades a enfocar en un Dios que sólo ve Su poder.

Comentario Bíblico

El encuentro divino Éxodo 3:1-10

El llamado divino

Uno de los principios fundamentales del servicio a Dios es que la tarea asumida se origina en el llamado de Dios. Nadie, sean cuales sean los talentos o la posición que tenga, podrá establecerse ante la presencia de Dios. Los puestos de servicio espiritual son dados por Dios soberanamente.

El relato de la vida de Moisés en Madián (v. 1) hace hincapié en esta verdad. La frase “apacentando Moisés las ovejas” en el idioma hebreo indica que éste era el oficio de Moisés; era pastor. Estaba viviendo tranquilamente en el exilio, lejos del puesto de príncipe que tuvo en Egipto.

Pregunta: ¿Qué diferencia hay entre los criterios que empleamos los seres humanos para determinar el potencial de una persona, y los criterios que usa Dios?

La gente a menudo juzga las cualidades de los demás según su inteligencia, habilidades, y capacidad para tomar decisiones. Las normas que Dios usa son diferentes. Moisés, un hombre que mató a un egipcio y huyó al desierto, no califica dentro de las normas humanas para una tarea especial. Pero Dios vio algo en Moisés que Él pudo usar.

Dios no llamó a Moisés cuando éste gozaba de los deleites del palacio de Faraón o de su preparación en la escuela de los egipcios. Más bien, este llamado de ser profeta nos muestra una rotura radical con todos los lazos del pasado. Cuando Moisés tuvo ese encuentro con Dios en forma de la zarza ardiente, no lo vemos preocupado con la situación del pueblo hebreo, ni con un deseo de ser su libertador. Más bien, todo el relato del llamado de Moisés se presenta como algo iniciado por Dios.

Aunque Dios es responsable de la preparación que mucha gente recibe aun antes de convertirse, sus talentos personales no desempeñan parte alguna en prepararlos para recibir el llamado de Dios a hacer su obra. Dios puede usar las habilidades y la educación de uno como lo hizo con Moisés, pero no juegan un papel importante en ser llamado o usado por Dios.

Los medios y los eventos que Dios utiliza para llamar a sus siervos escogidos son tan diversos como la gente a quien Él llama. Lo importante de la zarza ardiente es que esto era un evento nuevo y extraordinario en la vida de Moisés. Marcó un nuevo período en la interacción entre Dios y Moisés. La vida de pastor para Moisés había terminado; la nueva vida de ser un libertador y profeta estaba para comenzar

 

 

Vida consagrada a Cristo

A partir del próximo 30 de enero se da inicio en el Colegio San Francisco Javier la semana de la Vida Consagrada, semana vocacional “No tengas miedo de seguir a Jesús”, en la cual nos permitirá dar un reconocimiento y homenaje a las Religiosas de nuestro colegio, que con tanta dedicación ofrecen sus servicios para la misión de formar un Nazaret en cada Hogar.

Todos los católicos estamos llamados al seguimiento de Cristo. Por el bautismo nos hacemos Hijos de Dios, Hermanos de Jesucristo y Templos vivos del Espíritu Santo. Por lo tanto, la vida de los católicos, si quieren ser fieles y coherentes con su bautismo no puede ser la misma que la de una persona no bautizada. La imitación de Cristo será la tarea fundamental en su vida.

Sin embargo, hay personas que por una invitación especial de Dios, bajo una moción del Espíritu Santo, se proponen seguir más de cerca a Cristo, entregarse a Dios amado por encima de todo y procurar que toda su vida esté al servicio del Reino. Esto es lo que se llama en la Iglesia católica, la vida consagrada.

Las personas que asumen libremente el llamamiento a la vida consagrada viven los así llamados consejos evangélicos por amor al Reino de los cielos. Los consejos evangélicos son la pobreza, la castidad y la obediencia. Se les llama consejos evangélicos porque fueron predicados por Cristo en el evangelio y aparecen como una invitación para seguir más de cerca el camino que Él recorrió en su vida. Si bien todos los católicos estamos llamados a vivir estos tres consejos, la persona consagrada lo hace como una manera de vivir una consagración “más íntima” a Dios, motivado siempre por dar mayor gloria a Dios. La pobreza es el desprendimiento de todo lo creado para utilizarlo de forma que pueda dar mayor gloria a Dios. La castidad es lograr que toda nuestra persona: inteligencia, voluntad, afectos y cuerpo estén dominados por nosotros mismos. Y por último, la obediencia, es el sometimiento de la voluntad propia a la voluntad de Dios, a través de los superiores legítimos, representantes de Cristo para el alma consagrada

Homenaje a los docentes de la Institución

En sencillo pero emotivo acto, realizado en el salón de usos múltiples del Colegio San Francisco Javier, se le brindó un homenaje a todos los docentes, ya que el día 15 de enero era el día del Maestro.  Entre las actividades hubo: canciones, bailes, declamaciones, videos, frases de agradecimiento….


También se aprovecho la ocasión para hacer entrega de reconocimiento a aquellos estudiantes que obtuvieron los mejores promedios durante el primer lapso 2011-2012, a todos ello mil felicitaciones y esperamos que continúen cosechando éxitos…felicidades muchachos.

Día de la Divina Pastora (14 de Enero)

Origen de la Devoción a la Divina pastora

Hacía el año 1703, el padre Fray Isidro de Sevilla Ilustre predicador capuchino y gran devoto de la Virgen María, fue quien comenzó a venerarla bajo la advocación ” Divina Pastora de las almas”. En la ciudad de Sevilla- España, era costumbre rezar los rosarios populares y dicho padre aprovechaba que la muchedumbre se reunía, para predicar en honor a la Virgen. La devoción a la Divina Pastora alcanzó gran popularidad, y luego se extendió por todo el ámbito de la geografía española.

El sentido del título de Pastora es esencialmente misionero. Así como Jesús es el Buen Pastor que siempre está pendiente de su rebaño, también su Madre, María, cuida de las ovejas de su hijo donde quiera que se encuentren. Los miembros de la orden capuchina que vinieron a América, trajeron consigo la nueva advocación, que formó parte de las enseñanzas catequéticas capuchinas entre los grupos indígenas.

La devoción se fue extendiendo a diversas partes: entre ellas se propagó en la Isla Trinidad y a mediados del siglo XVIII, la devoción fue llevada también a Colombia.

¿Cómo llegó esta devoción a nuestra patria?

En Venezuela, la devoción se extendió a los llanos de Caracas con la llegada de los capuchinos hacia el año 1706. Uno de esos capuchinos fue Fray Marcelino de San Vicente, prefecto de las misiones de los llanos de Caracas.

Al correr del siglo XVIII, los padres capuchinos dieron a conocer la Divina Pastora entre los aguerridos gayones de las sabanas de Bobare. Fue emblema de la gesta pacificadora de los indios de los llanos y los gayones de Santa Rosa.

Adquisición de la Imagen de la Divina pastora

En cuanto a la providencial adquisición de la imagen ha surgido una leyenda que se ha repetido de una generación a otra, y hoy es una verdad aceptada entre los habitantes de Barquisimeto.

Iglesia de Santa Rosa

Aconteció que el cura de la iglesia de la Inmaculada Concepción de esta ciudad, deseando proveer a su iglesia con una imagen de la Divina Pastora, encargó su escultura. Al mismo tiempo, el Padre Sebastián Bernal, párroco del Pueblo de Santa Rosa del Cerrito, quiso también para la suya una imagen de la Inmaculada Concepción.  Ambos sacerdotes, de común acuerdo, hicieron su solicitud al mismo escultor, con la finalidad de dotar a la feligresía para la celebración de las fiestas anuales del 8 de diciembre. Pero ocurrió una equivocación que muchos señalan como providencial; el cajón contenía la imagen de la Divina Pastora fue dirigido al Padre Bernal y el de Inmaculada Concepción, al vicario de Barquisimeto. Cuando el Padre Bernal en Santa Rosa, se dio cuenta del error, ordenó que la caja fuera cerrada y que la llevaran de inmediato a su destino: Barquisimeto.

Catedral de Barquisimeto

Cuando el indio que tenía el encargo de devolver la imagen trató delevantarla del suelo y cargarla, notó que se había vuelto muy pesada y por más esfuerzos que hizo, no pudo moverla del sitio donde estaba. El padre Bernal, sorprendido, comunicó al vicario la noticia para que éste resolviera como superior, qué hacer en ese caso. El Vicario, enterado del hecho, dijo que por él, la Divina Pastora manifestaba a las claras su voluntad de que su imagen permaneciera en Santa Rosa, y que allí se le rindiese culto y veneración. Desde entonces la imagen se quedó para siempre en la Iglesia de Santa Rosa desde que allí llegara providencialmente poco después del año 1736.”

Finalmente, a mediados del siglo XIX venezolano tuvo lugar un acontecimiento que contribuiría a la consolidación definitiva de la Divina Pastora como patrona del estado Lara. En 1855, se desató en Venezuela una terrible epidemia de cólera. Muchas familias de Barquisimeto fueron diezmadas por el terrible mal, ante lo cual fueron completamente inútiles medicinas, lamentos y plegarias. Desesperados y como último remedio, los pobladores decidieron sacar en procesión por las calles de Barquisimeto la imagen de la Divina Pastora para implorar su misericordia, la cual fue concedida, ya que a partir de ese mismo día, cesó la epidemia de cólera. Es por esto que en recuerdo de ese hecho, todos los 14 de enero se traslada, en una procesión multitudinaria y fervorosa, la Divina Pastora a la Catedral de Barquisimeto desde su iglesia de Santa Rosa. Esta procesión es considerada la segunda más importante de Latinoamérica, solo superada por la de la virgen de la Guadalupe en México